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15 jun 2012

XVI

En el salón, Diego charla animadamente con los roquianos. Hablan con total naturalidad de su experiencia en Camboya. Paloma está abriendo unas morcillas para freírlas en la sartén. "Tus amigos son muy majos. No me habías hablado de ellos". Les conocí en Camboya y se han presentado en Madrid por sorpresa.

La cena discurre animada, saltando de un tema a otro. Elías parece gozar con la morcilla, y Elisa saborea la rosca de jamón con fruición. Con el postre, Diego me tira la china y me dice: "Hazte un porro, Mario. Hemos quedado en media hora para ir a tomar algo". Estamos muy cansados, respondo. Creo que nos quedaremos en casa. Elisa me echa un cable y bosteza.

Nos quedamos solos. El silencio se hace fuerte, invadiendo el cerebro agotado. "Me voy a dormir. Mañana será un día muy largo", dice Elías. Elisa entra en el baño. Me siento en la cama, me tumbo y me vuelvo a sentar. Sus curvas me visitan desde la penumbra del pasillo. Una camiseta ancha susurra su cuerpo. Las palabras sobran. Los besos son raros, nuevos. Lo demás es antiguo. Químicamente suyo, me empacho de cucharadas de presente.

"Nuestra historia es muy parecida a la vuestra. Guerras, dominio, epidemias y egoísmo. Estuvimos al borde de la extinción. Y tras ello, forzosamente asumimos el equilibrio". Su voz, tan cercana, cosquillea mi pecho.

"Empezamos de cero. Los volcanes compartieron recursos, los puestos externos se volvieron rotativos y la convivencia fue pariendo un orden, un orden que era justo, natural. Nos desarrollamos, sin desigualdades, sin acumulación, sin seguridad, sin propiedades. El plungio, lo que llamáis sentido común, reinó durante siglos. Ante cualquier desviación, el resto de la comunidad actuaba, con justicia, con proporcionalidad. Pero Elíseo rompió el plungio, y todo cambió. Poco a poco, primero en el volcán de las Rocas Nobles, y después en los demás, sus seguidores comenzaron a reclamar privilegios. Una vuelta al pasado. La lava, los lodos, el agua, las plantas medicinales se convirtieron en bienes de lujo. Lo que antes era de todos pasó a ser un bien controlado, dosificado a aquéllos que aceptaban las nuevas reglas del juego. Desacostumbrados a la competición, los románticos fueron perdiendo terreno. Así empezó la nueva guerra. Tras años de combate, nuestras fuerzas están muy debilitadas. Nuestro observatorio detectó un planeta con unas características similares al nuestro. Y aquí estamos. Sois nuestra última esperanza. Embarcaron los pocos roquianos que escaparon a la plumvia, a la esterilización masiva. Necesitamos vuestra fertilidad".

Continuará...


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