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27 oct 2011

Comité de crisis

El comité de crisis se había formado a regañadientes. Seguros en sus poltronas, los que manejan nuestras insignificantes vidas desde la impunidad del invisible, del no sometido a ninguna Ley, renegaron en un primer instante ante la propuesta de los más previsores, de los más "acojonados", según se rezaba en los descansos de esas secretas reuniones.

Pero los acontecimientos fueron poco a poco combando la balanza hacia el lado de los más agoreros. La amenaza del fin de una era torció el gesto de los más optimistas. Y el lobby dio cabida a lo impensable.

Untados en cursos de excelencia democrática, los tiranos que habían gestado monopolios mundiales tuvieron que designar a sus delfines, a sus delegados educados en la maximización del beneficio.

Y una madrugada lluviosa, un paseante divisa una escena fuera de lo común. En un barrio de la periferia, en una calle poco transitada, diez caminantes silenciosos confluyen en un edificio deshabitado. Llegan de uno en uno, y agachan sus gabardinas para acceder al descampado repleto de malas hierbas. Es imposible evitar las pisadas de cristales rotos, y los pañuelos de tela a duras penas camuflan el olor a humedad y a meado.

Como en un role play de un proceso de selección barato, cada delegado pega un post-it en su pecho con el sector de poder mundial al que representa. El escribano, silencioso, diligente, despliega su caballete, su pizarra electrónica y su foco de batería de litio. Y con el vaho de su respiración constante escribe los dos puntos del orden del día.

1. Cómo hacer sostenible el engranaje.
2. Cómo salvarse ante el último mensaje de auto-destrucción.


3 sept 2011

Vida de un afortunado mechero

Mi primer recuerdo es un olor. Más bien, una mezcla de ellos: madera vieja, chicle de menta y tabaco, con un leve aroma afrutado. Erguido entre mis compadres, salí de la incubadora bien pronto.

Fui concebido en buena época. Tenía buenas prestaciones y además era guapete: negro con la cabeza plateada. Un caramelo en una tienda de chinos.

El miedo inicial ante lo desconocido fue intenso pero pasajero. En seguida empecé a entender el porqué de mi existencia. Mi llama ladeada y potente cundiendo la piedra, mi espina dorsal moldeando la obra y el calor en mi cerebro al terminarla me provocaba una sensación cercana al orgasmo humano. Había nacido para esto.

Desde esa primera experiencia han pasado muchas manos por mi torso. Sitios nuevos, dueños descuidados, viajeros, tatuadores de mi lisa envergadura. Al fin di con el sueño de todo mechero: un propieatario que me mimaba, que renovaba mis entrañas y que recargaba mi sangre. Y con él aprendí del mundo.

De eso hace ya mucho tiempo. Hoy tranquilizo a los más jóvenes en este lugar oscuro. Un bic amarillo al borde del suicidio y un mechero de plástico rojo con la piedra rota comparten cajón y miserias. Su existencia ha sido breve, y su sangre pronto se agotará por su escaso aislamiento.

Y yo sueño todos los días con que mi dueño vuelva a fumar petas.

29 jul 2011

Actualidades

Las portadas de los periódicos bullen. Mes de julio convulso: un rubio loco golpea en el corazón de la felicidad, una yonky talentosa muere en la flor de la vida y ese ente llamado Mercado sigue acechando como una alimaña.

Y haciéndose un hueco en la actualidad, como una estrella fugaz entre conversaciones de bar, se cuela entre Neymars, Kunes y Tiagos, la inclemente sequía que golpea el Cuerno de África.

La alerta ha saltado. De repente, como el que no quiere la cosa, los periódicos publican la manida foto de un niño desnutrido. Las abuelas lloran, los artistas sensibilizan a la población con sus tuiters y los telediarios dedican un par de minutos al desastre.

¿Qué pasa en Somalia? ¿Acaso no llueve? ¿Acaso los musulmanes radicales terroristas que tienen vínculos con Al Qaeda no dejan que los salvadores de la ONU repartan comida?

Que cada uno lea, que información hay para hartarse en la red. Y si corresponde, que reflexione y juzgue. En mi humilde espacio, yo me quedo a gusto. Otro laboratorio más, un territorio fragmentado en clanes, emputecido por los Imperios Coloniales y después, tras su falsa independencia, ajedrez de la URSS y de Estados Unidos. Algunos capaces de sembrar un estado como Puntlandia o Somalilandia en el norte, otros en guerra desde que tienen uso de razón, en el sur.

El hambre mata rápido y levanta las carnes de nuestras civilizadas conciencias. Los niños piratas, la impunidad, los estados intervenidos por los de siempre, repartos de escuadra y cartabón. Intereses secretos de nuestro mundo que pasan de puntillas sin pedir números de cuenta, sin levantar la empatía de nadie. Y de repente, sequía, hambre, malos y buenos.

Y mientras, desde hace décadas, gente que muere, que malvive, que mata. Puto mundo de mierda.