Hace pocos días, el malo más malo del mundo mundial fue finalmente encontrado y eliminado. Nada sorprendente. Si alguien pensaba que Bin Laden iba a ser apresado, esposado, extraditado y juzgado, creo que habita en el planeta de los Teletubbies. De todos modos, me quedo más tranquilo al saber que el rito islámico fue respetado a la hora de echar su cadáver al mar...
El caso es que el terrorismo de Estado es algo recurrente, permitido socialmente y habitual en nuestras democracias. Hay tantos casos documentados que no creo que sea necesario citarlos. Sin embargo, el ciudadano de a pie lo pasa de puntillas en su imaginario porque no se siente realmente amenazado, sino más bien "protegido" ante el terrorista.
Nadie negará que Bin Laden era un pertubado y que sus mensajes apocalípticos llamando a la yihad hacían torcer la mueca a cualquier persona en su sano juicio. Pero que salga el señor que dirige al país más poderoso del mundo y diga que "se ha hecho justicia al eliminar a Jerónimo" (al loro con el toque imperialista del nombre) no deja de ser, cuanto menos, inquietante.
Haciendo un simple ejercicio numérico, del mismo modo que a Bin Laden se le atribuye la responsabilidad de las muertes de los atentados del 11-S, del 11-M, del 7-J, etc, parece razonable, usando la misma vara de medir simplista y demagógica que utiliza la comunidad internacional, atribuir la responsabilidad directa de las víctimas civiles que se han producido y que todavía se producen en Afganistán, en Iraq e incluso en Paquistán (solamente por acotar) al principal impulsor de la invasión de sus territorios, que no es otro que Bush, y al que le ha dado continuidad, que no es otro que Obama. Y a la vista de los datos CONTRASTADOS, la diferencia numérica de víctimas es escandalosa en favor de estos últimos.
Y haciendo un ejercicio de empatía, si yo fuera un ciudadano nacido en Paquistán, o en Afganistán, o en Iraq, un ciudadano normal y corriente, de esos que son mayoría en el mundo, de los que no hacen ruido, de los que anhelan una vida pacífica y placentera, mi rabia hacia occidente me haría identificarme más con un cabrón escondido en una urbanización de lujo al lado de Islamabad que con un tipo que está bombardeando a mi gente.