Esta tarde ha llamado a la puerta un tipo un poco raro. Creía que era el del gas pero ha resultado ser un menda de un planeta lejano pero muy parecido a la Tierra.
El sólo lo conoce por lo que le han enseñado en la nave, donde ha vivido todo este tiempo. 60 parejas zarparon del Águila Centenaria hace 110 años y se han venido reproduciendo hasta hoy. Tienen un único objetivo: llegar a la Tierra para salvar el planeta Roca.
Bien entrenados, bien alimentados, evitando la endogamia con una promiscuidad seleccionada y sobre todo, gracias a un GPS cojonudo, 537 primos de nave han llegado a la Tierra. Y mira tú por dónde, Elías ha caído en mi casa.
Me habla honestamente, sin ambages. Me cuenta su historia y me adelanta sus métodos: "Voy a sacar un péndulo y un sombrero rosa y te voy a cantar una nana. Te vas a quedar medio sobado de buen rollo. Te preguntaré cosas y me las contestarás a tu aire. El despertar será bueno, descansado y sin deshielo". ¿Sin deshielo?, le pregunto. "Sin dolores de cabeza ni vómitos".
Le miro, raro él, con su sudadera arrugada de Michael Jordan, sus pantalones de pitillo y sus Ewing rojas. Él me entiende: "Se nos jodió la máquina estampadora de la nave hace 30 años". Su sinceridad me llega a la patata y le digo que sí.
Me siento en el sillón verde con orejas y cojín a juego de mi abuela y le cedo la silla forrada de tela con respaldo de madera. Elías abre su macuto del Megathlon, saca un péndulo verde y una especie de tableta en la que puedo ver el símbolo de una pera dorada.
Y antes de empezar, le hago prometer que después contestará él a mis preguntas. Y lo hará a mi modo (quiero verle fumado al lado del brasero). El sombrero es muy bonito, el péndulo empieza a oscilar y la nana me arrulla:
"De la roca nació un niño,
tan extraño y desolado
que al llorar la nube llena
ya le mece con cariño.
Llora más, oh niño mío,
que mi llanto será pena
y en el agua del estío
sentirás la yerbabuena"
Y las preguntas van cayendo una a una...
Continuará
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20 abr 2012
22 mar 2012
Demonización del Islam
Una chica de 15 años. Un cabrón de 20. Él la conoce, la desea. Un día, fuerza un encuentro cuando vuelve de coger agua en el pozo. Y la viola.
Abida (o Eva) vuelve a casa. Agredida, no sabe cómo expresar lo que siente. Su indefensión, su vulnerabilidad, estalla al fin tras un par de días. Su madre le pregunta: "¿Qué te pasa?" Y ella llora. Al fin logra expresar su amargura en el lenguaje universal .
Poco a poco reúne el coraje. Lo cuenta todo: "Ahmed (o José), el hijo de Fátima (o la Pilarica), me violó en el camino del Pozo Hondo. La madre escucha. Se muerde los labios hasta saborear el amargo rojo. Su niña...
La madre medita. Dócil pero firme, habla con su marido, el pater familias. De puertas hacia fuera él habla, manda, impone su tradicional gallardía. Los valientes vengan. Los cobardes piensan. En el pueblo son pocos. Se conocen todos.
Al día siguiente visitan a Mohamed (o Eulalio), el Juez de Paz de la aldea. Escucha cariacontecido el relato de boca del padre. La hija se ha quedado en casa y la madre, de vez en cuando, intenta añadir algún dato.
Eulalio (o Mohamed) medita. Animalillo él, educado en la tradición, piensa en sus ancestros, en la paz social, incluso en la pobre Abida (o Eva). "Si esto se sabe en el pueblo, nadie querrá casarse con ella". Al día siguiente convoca a ambas familias y propone: "Este hecho es muy grave". "Lo mejor para todos es que esto no trascienda. Y que Abida (o Eva) y José (o Ahmed) se casen. Con el tiempo serán felices y darán hijos fuertes para sembrar la tierra".
Hay dudas, miradas al suelo. Fatima contiene sus lágrimas. Derrocha por dentro tristeza, que acaso es rabia. Su marido, cobarde, vasallo, baja la cabeza. En cambio, la familia de Mohamed (o José) acepta sin pensar.
Al final, el honor, vacía y proclamada palabra, prevalece. El "bien común", asesino del débil, baña en pesadillas el alma de Eva (o Abida). Y tras meses de penumbra, ya no aguanta más. El matarratas del zoco es suficiente para acabar con todo. Otras aguantan estoicas. Otras escaparán y buscarán mejor suerte. Por los siglos de los siglos.
Esta historia ha pasado hace unos días en un pueblo marroquí. Pasó hace no muchos años en mil pueblos de España. Y, tristemente, seguirá pasando en muchos puntos del planeta con falta de desarrollo, de educación, de justicia basada en derechos inherentes al ser humano. Musulmanes, católicos, budistas, hinduistas, taoístas, animistas...
Abida (o Eva) vuelve a casa. Agredida, no sabe cómo expresar lo que siente. Su indefensión, su vulnerabilidad, estalla al fin tras un par de días. Su madre le pregunta: "¿Qué te pasa?" Y ella llora. Al fin logra expresar su amargura en el lenguaje universal .
Poco a poco reúne el coraje. Lo cuenta todo: "Ahmed (o José), el hijo de Fátima (o la Pilarica), me violó en el camino del Pozo Hondo. La madre escucha. Se muerde los labios hasta saborear el amargo rojo. Su niña...
La madre medita. Dócil pero firme, habla con su marido, el pater familias. De puertas hacia fuera él habla, manda, impone su tradicional gallardía. Los valientes vengan. Los cobardes piensan. En el pueblo son pocos. Se conocen todos.
Al día siguiente visitan a Mohamed (o Eulalio), el Juez de Paz de la aldea. Escucha cariacontecido el relato de boca del padre. La hija se ha quedado en casa y la madre, de vez en cuando, intenta añadir algún dato.
Eulalio (o Mohamed) medita. Animalillo él, educado en la tradición, piensa en sus ancestros, en la paz social, incluso en la pobre Abida (o Eva). "Si esto se sabe en el pueblo, nadie querrá casarse con ella". Al día siguiente convoca a ambas familias y propone: "Este hecho es muy grave". "Lo mejor para todos es que esto no trascienda. Y que Abida (o Eva) y José (o Ahmed) se casen. Con el tiempo serán felices y darán hijos fuertes para sembrar la tierra".
Hay dudas, miradas al suelo. Fatima contiene sus lágrimas. Derrocha por dentro tristeza, que acaso es rabia. Su marido, cobarde, vasallo, baja la cabeza. En cambio, la familia de Mohamed (o José) acepta sin pensar.
Al final, el honor, vacía y proclamada palabra, prevalece. El "bien común", asesino del débil, baña en pesadillas el alma de Eva (o Abida). Y tras meses de penumbra, ya no aguanta más. El matarratas del zoco es suficiente para acabar con todo. Otras aguantan estoicas. Otras escaparán y buscarán mejor suerte. Por los siglos de los siglos.
Esta historia ha pasado hace unos días en un pueblo marroquí. Pasó hace no muchos años en mil pueblos de España. Y, tristemente, seguirá pasando en muchos puntos del planeta con falta de desarrollo, de educación, de justicia basada en derechos inherentes al ser humano. Musulmanes, católicos, budistas, hinduistas, taoístas, animistas...
27 feb 2012
Un día cualquiera
"En tu bolsillo hay que joder, te queda lo justo para comer. Pasado el rato decides gastar lo poco que tienes para privar". Kualquier Día, de Piperrak.
En la pensión, Juan pasa el tiempo justo. Duerme, caga, vomita cuando vuelve demasiado borracho y se ducha, pero poco, porque el agua es muy cara.
Hace tres años, Esperanza Aguirre privatizó el agua de Madrid, y la empresa adquiriente, Coca Cola, decidió aumentar sus beneficios tras dos años de buen servicio y estabilidad de precios.
La pensión no contributiva le aporta a Juan lo justo para tener techo y financiarse los cafés y el alcohol en el bar de la esquina. Sus otras necesidades básicas están cubiertas. Es alimentado en un comedor social de las monjas Carmelitas y con bastante frecuencia se acuesta con Eva, una alcohólica que también vive en la pensión.
Su aspecto avejentado le hace aparentar más edad. Sus antes fuertes brazos por su trabajo de encofrador se desmoronan hoy flácidos en sus costados. Cuando el trabajo se acabó, ya no volvió. Después de tres años de cobrar la prestación de desempleo, apurando las prórrogas del Gobierno, el dinero se esfumó. Tras sacar los ahorros de los colchones y ordeñar las escasas rentas de sus padres, las facturas se hicieron insostenibles. La hipoteca, los chavales, esos gastos corrientes antes insignificantes...toda una bola de nieve que fue minando su autoestima, que fue destruyendo su capacidad de supervivencia en el sistema. Eso le costó el divorcio, y la soledad le empujó a la bebida.
Hoy Juan ha comido lentejas y ya está en el bar con una copa de coñac y un café solo. En la televisión, la cadena privada Telemadrid, abre los informativos con los últimos enfrentamientos entre "la guerrilla callejera y la policía en el distrito centro de Madrid".
En la publicidad, Alberto Contador, recién retirado del ciclismo, anuncia un nuevo producto con su blanca sonrisa: "Qué rica está. Me quita la sed al instante. Compra la botella de plástico reciclado a solamente 1,5 euros. Porque, del agua de Madrid al cielo..."
En la pensión, Juan pasa el tiempo justo. Duerme, caga, vomita cuando vuelve demasiado borracho y se ducha, pero poco, porque el agua es muy cara.
Hace tres años, Esperanza Aguirre privatizó el agua de Madrid, y la empresa adquiriente, Coca Cola, decidió aumentar sus beneficios tras dos años de buen servicio y estabilidad de precios.
La pensión no contributiva le aporta a Juan lo justo para tener techo y financiarse los cafés y el alcohol en el bar de la esquina. Sus otras necesidades básicas están cubiertas. Es alimentado en un comedor social de las monjas Carmelitas y con bastante frecuencia se acuesta con Eva, una alcohólica que también vive en la pensión.
Su aspecto avejentado le hace aparentar más edad. Sus antes fuertes brazos por su trabajo de encofrador se desmoronan hoy flácidos en sus costados. Cuando el trabajo se acabó, ya no volvió. Después de tres años de cobrar la prestación de desempleo, apurando las prórrogas del Gobierno, el dinero se esfumó. Tras sacar los ahorros de los colchones y ordeñar las escasas rentas de sus padres, las facturas se hicieron insostenibles. La hipoteca, los chavales, esos gastos corrientes antes insignificantes...toda una bola de nieve que fue minando su autoestima, que fue destruyendo su capacidad de supervivencia en el sistema. Eso le costó el divorcio, y la soledad le empujó a la bebida.
Hoy Juan ha comido lentejas y ya está en el bar con una copa de coñac y un café solo. En la televisión, la cadena privada Telemadrid, abre los informativos con los últimos enfrentamientos entre "la guerrilla callejera y la policía en el distrito centro de Madrid".
En la publicidad, Alberto Contador, recién retirado del ciclismo, anuncia un nuevo producto con su blanca sonrisa: "Qué rica está. Me quita la sed al instante. Compra la botella de plástico reciclado a solamente 1,5 euros. Porque, del agua de Madrid al cielo..."
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